II. Miedo o deseo / clausura o apertura

En nuestro interior todos (o casi todos) albergamos el deseo de abrirnos al mundo, de darnos a conocer, y tenemos la esperanza de encontrar a personas que nos reconozcan y nos quieran por ser exactamente quienes somos. Sin embargo, también tenemos muchísimo miedo a abrirnos y encontrar rechazo, desinterés…

Hace poco pregunté a mis seguidores de Instagram qué deseaban para ellos mismos y si tenían miedo. Me siento muy afortunada y muy agradecida porque muchos decidieron confiar en mí y contarme lo que les bullía por dentro con mucha honestidad. Los resultados eran muy iluminadores.

Casi todos deseaban alcanzar la paz mental, la comodidad dentro de sí mismos, y encontrar a una persona con la que pudieran conectar a un nivel profundo. Ésa fue la palabra más utilizada: conectar. (Y es una palabra que me encanta.) Conectar implica abrirse al intercambio y establecer un diálogo donde haya tanto el encuentro del otro como de uno mismo.

Respecto al miedo, la respuesta fue unánime: todos tenían miedo. Miedo a no encontrar esa conexión—es decir, miedo a ser rechazados al mostrarse tal cual eran; miedo a la pérdida de esa conexión.

Cuando hice esas preguntas…era de esto de lo que quería hablar: de la relación entre deseo y miedo. En nuestro interior todos (o casi todos) albergamos el deseo de abrirnos al mundo, de darnos a conocer, y tenemos la esperanza de encontrar a personas que nos reconozcan y nos quieran por ser exactamente quienes somos. Sin embargo, también tenemos muchísimo miedo a abrirnos y encontrar rechazo, desinterés…

Sin embargo, la conexión no puede producirse sin ese momento de apertura: si no nos exponemos y nos atrevemos a ser vulnerables. Si nos quedamos encerrados por miedo al posible rechazo…en realidad conseguimos justo lo contrario: desconectarnos del mundo y de nosotros mismos.

Ante todas las experiencias de la vida sólo caben dos opciones: o la apertura o la clausura: o el atrevimiento o el miedo. Sin la vulnerabilidad—sin el valor de exponernos al daño—nunca lograremos experimentar nada, ni conectar con nada. Ahí está la pregunta interesante: ¿te atreves a ser vulnerable? ¿Tu deseo es más grande que tu miedo?

I: decisión

Llevo tiempo pensándolo; pero entre el pensamiento y la acción hay un elemento de radical importancia: la decisión. La decisión lleva un instante, pero requiere concentrar toda la fuerza en un solo golpe. Como un relámpago.

Llevo tiempo pensándolo; pero entre el pensamiento y la acción hay un elemento de radical importancia: la decisión. La decisión lleva un instante, pero requiere concentrar toda la fuerza en un solo golpe. Como un relámpago.

Me he decidido: he concentrado mi fuerza en el puño, en los dedos, en los labios. O la fuerza se ha concentrado y la decisión me ha tomado a mí. Creo que no siempre está claro quién tiene a quién. Estoy segura de que algunas cosas nos eligen a nosotros y no nosotros a ellas: como el amor. O la escritura.

De eso trataba, de la escritura. La escritura me eligió. No la elegí yo. Y la prueba está en que no he conseguido zafarme de ella aunque lo haya intentado. Realmente lo he intentado. Si os cuento la verdad…le cogí miedo. Quise huir de ella. Correr a toda velocidad en dirección contraria.

Sin embargo, qué extraño verse a una misma sin la escritura.

Esta vez no voy a intentarlo. Esta vez voy a hacerlo.


Yoda, por una vez en la vida, voy a hacerte caso.